Devoción satanizada: La muerte como nuevo culto callejero en la Ciudad de México

Dr. Anne Huffschmid

Anne HuffschmidEs doctora en ciencias culturales; trabaja como investigadora, autora y curadora en la Freie Universität Berlín. Sus áreas de interes abarcan desde el análisis de discurso, la etnografia urbana, el espacio público, los procesos de memoria, las culturas visuales hasta la fotografia. En su actual proyecto de investigación ‘Memoria en la megaciudad’, realizado en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de dicha Universidad, se ocupa de lugares, espacios y conflictos de memoria en las ciudades de México y Buenos Aires. Es miembro fundadora de la asocación metroZones y colabora en el proyecto Global Prayers – Redemption and Liberation in the City. Ha hecho numerosas publicaciones internacionales, entre sus libros más recientes están: El EZLN y sus intérpretes: resonancias zapatistas en la academia y la literatura (coed. con K. Vanden Berghe y R. Lefere, México 2011), Metrópolis desbordadas. Poder, memoria y culturas en el espacio urbano (coed. con A. Cerda, I. Azuara y S. Rinke, México 2011), Topografias conflictivas: memorias, espacios y ciudades en disputa (coed.V. Durán, Buenos Aires 2012) y Faith is the Place. The Urban Cultures of Global Prayers(coed. metroZones, Berlin 2012).

La Santa Muerte, un nuevo culto urbano que salió a las calles mexicanas hace algo más de una década, suele considerarse como síntoma de la pérdida de valores éticos y culturales, o como expresión de una nueva religiosidad criminal. Los medios acostumbran adornar sus reportes sobre la delinquencia y la narco-violencia con la imagen de la Santa Muerte, las iglesias se escandalizan ante su popularidad. Este breve ensayo (también visual) propone asomarse, sin juzgar de antemano, al mundo emergente de esta nueva religiosidad urbana, netamente popular y radicalmente sincrética. En el centro está la “hipervisibilidad” de esta creencia estigmatizada, la muerte encarnada como máxima autoridad espiritual, que pasó de la esfera doméstica por los reclusorios hasta culminar en el ya famoso santuario del barrio de Tepito. Se plantean algunas posibles pistas de lectura, como la de la diversificación de los mercados religiosos y los nuevos traumas sociales, productos de la precarización de la vida cotidiana. Lo que parece distinguir al culto es su carácter incluyente, que no exige al devoto ningún tipo de renuncia o arrepentimiento, ofreciendo “amparo” a todo tipo de “desamparados”.